Durante décadas, la Villa Pesquera de Culebra ha simbolizado el latido de la economía local y el lugar donde generaciones de pescadores y vecinos han compartido conocimientos, herramientas y sueños.

En 1963, nació la Asociación de Pescadores de Culebra, una iniciativa clave para unir fuerzas y asegurar el bienestar tanto de los pescadores comerciales como de quienes dependen de su trabajo, la comunidad y los consumidores.
Tomás Ayala Feliciano, presidente de la que hoy se conoce como la Asociación Pesquera de Culebra, representa la historia viva de la pesca artesanal en Puerto Rico.
Con décadas de experiencia, “Tomasito”, como es conocido, ha sido testigo de los cambios y desafíos que por décadas han impactado a los pescadores de la isla municipio.
“La Asociación es una de las primeras asociaciones pesqueras de Puerto Rico. Se nos dio la oportunidad de organizarnos y entendíamos que había que unirnos como pescadores, así que decidimos crear la asociación para atender todo lo relacionado con el comercio al igual que la conservación marítima, flora y fauna", dijo Tomasito.
Ayala enfatizó la importancia de la organización y la unión entre los pescadores, así como la necesidad de profesionalizar el sector y obtener legitimidad institucional.
Con el paso del tiempo, la falta de relevo generacional y la ausencia de políticas públicas actualizadas llevaron al colapso de la villa pesquera.
En medio de ese declive, llegó una nueva energía: Nicolás Gómez Andújar, hijo de pescador, científico ambiental y, sobre todo, culebrense comprometido. Nicolás creció viendo la villa en abandono, pero también entendió que la solución no era añorar el pasado, sino reconstruir mirando hacia el futuro.
Innovación, educación y futuro
Nicolás, hoy en día secretario de la Asociación, aporta una visión complementaria basada en la innovación, educación y sustentabilidad. Tras la pandemia, el joven regresó a Culebra para aportar profesionalmente y ayudar a construir un modelo que integra ciencia, comunidad y autogestión.
El hijo de un pescador comercial de Culebra, Gómez Andújar hizo su bachillerato en Ciencias Ambientales en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y continuó sus estudios con una maestría de Manejo Pesquero de Oregon State University.
Nicolás concentró su tesis de maestría en investiga la pesca comercial del área este, incluyendo cuáles eran sus problemas, necesidades y cómo los pescadores comerciales colaboraban entre sí.
Juntos, Tomasito y Nicolás han liderado una transformación profunda. La villa pesquera no solo se ha reconstruido físicamente, sino que ha adoptado un modelo de gestión colaborativo, donde la educación, la innovación y la sostenibilidad son pilares.
“Esta villa fue pionera. Aparte del valor cultural, había un valor ambiental, una conciencia. La Asociación Pesquera sabe que los recursos hay que protegerlos, en este caso a través de la pesca sostenible y la protección de los arrecifes”, afirmó Nicolás.

Hoy, la Asociación cuenta con pescadores a tiempo completo, permisos en regla y una visión clara: formar nuevas generaciones, proteger el mar y asegurar que la pesca siga siendo motor de vida en Culebra.
“Este cambio surge como una corrección a 30 o 40 años de problemas que hemos tenido como pescadores, representados por un sistema que hoy no va acorde con la realidad. Hoy estamos en el 2026 y la pesca es distinta: no es industrializada como se pretendía entonces, sino artesanal y estable”, explicó el presidente de la Asociación.
El apoyo de Popular
El renacer de la villa pesquera de Culebra no habría sido posible sin aliados que apostaran por la comunidad y su visión. Popular, a través programas de apoyo, se convirtió en ese socio clave que no solo aportó recursos, sino que acompañó cada paso del proceso con escucha activa y flexibilidad.
La relación comenzó casi por casualidad, pero pronto se transformó en un apoyo fundamental.
“Fue la primera ayuda que llegó. Pero nosotros no sabíamos eso, porque fue a través de otra organización que Popular estaba costeando el proyecto", dijo Tomasito sobre Popular.
Luego de unas conversaciones con la Asociación, Popular decidió trabajar directo con el grupo en vez de a través de un tercero.
“La realidad es que Popular nos ha ayudado según nuestras necesidades. Si necesitamos equipo, nos dan equipo, ya sea equipo de la pescadería, equipo para buceos o si es mano de obra, nos daban mano de obra. La realidad es que nos acompañaron”, aseveró el presidente de la Asociación.
Este acompañamiento no fue solo material, sino también humano. El proceso estuvo marcado por el diálogo constante y la confianza mutua. Popular no impuso condiciones, sino que confió en la capacidad de la comunidad para liderar su propio desarrollo.
Gracias a este respaldo, la villa pesquera pudo adquirir equipos, fortalecer la seguridad, instalar energía solar y crear un espacio digno para la venta y el aprendizaje.
Nicolás subraya que el proceso ha sido complejo, pero la experiencia de Culebra demuestra que, con apoyo y paciencia, es posible establecer un estándar para el sector pesquero artesanal y abrir puertas para que otras comunidades costeras repliquen el modelo.
“Es una combinación de mucho apoyo y paciencia en nuestra comunidad", destacó Nicolás.
Hoy, la villa pesquera de Culebra es más que un lugar: es un modelo replicable para toda la isla, un ejemplo de cómo la tradición y la innovación pueden convivir, y una prueba de que, cuando la comunidad se une y encuentra aliados, el progreso es posible.